Danza invisible: de curso legal

Domingo, 26 de agosto de 2007

Los malagueños cerraron en Santa Fe su minigira granadina, con una plaza totalmente llena de gente de todas las edades

Corrían los primeros ochenta cuando un grupo de Torremolinos ganaba en Jerez la primera edición del mejor concurso para grupos convocado en Andalucía, el Alcazaba-rock (sobre todo ahora que, como en el de Alhama, no dan ni premio). Gracias a aquel concurso comenzó la carrera de Danza Invisible (como la de 091 el años siguiente), sumando hasta el día de hoy un cuarto de siglo de actividad (más o menos) ininterrumpida.

Este verano se han dejado ver en varios puntos de la provincia (¿5.000 entradas vendidas, con Loquillo, en Motril!) para cerrar el pasado viernes en Santa Fe esta minigira local, con una plaza completamente llena entre aficionados al grupo, veteranos y, (¿sorpresa!), muchos otros menos añosos, junto con algunos feriantes de paso, saboreando el tostado colesterol de los productos de la verbenera parrilla lateral.

Los malagueños cambiaron en su momento su estatus de grupo de culto por una apuesta casi por la canción del verano, y se jugaron en el envite buena parte de su credibilidad aunque multiplicaran por varios ceros sus ahorros. No obstante, y a pesar de que dilapidaran buena parte de su crédito con canciones muy comerciales, ya entonces en directo eran incontestables. Ahora lo siguen siendo, y su concierto es impecable.

Rabo de lagartija

El tiempo no ha pasado por su cantante Javier Ojeda; es más, ha limado aquellos agudos irritantes sin hacerle perder una gama y una capacidad de maniobra vocal que no tuvo (ni tiene) nadie de su generación. Además, es un rabo de lagartija en escena que anima el tradicional estatismo escénico del grupo hasta llegar a pasarse incluso, y acalambrar, su intensa versión del 'Yolanda' de Pablo Milanés.

Con el refuerzo de un tercer guitarrista y cantante y otro percusionista, el grupo resulta absolutamente fortalecido en concierto. Su capacidad orquestal no admite objeción, lo han demostrado moviéndose en el pop oscuro, el latino, el africano, el rap, el rock y con magnificas adaptaciones de Van Morrison, Manzanita, o Víctor Jara, entre otros.

Ahora amagan por ACDC en guiños a una dureza que ellos prefieren sofisticar con arreglos más elaborados, que les han dado una inconfundible personalidad, que puede gustar más o menos, pero no tiene par.

A estas alturas no tienen que esforzarse para hacer un programa de conciertos; también es cierto que llevan años sin añadir ninguna canción obligatoria a esa lista, reflejando en lo que tocan sus cambios de ánimo y estilo. Así, 'El club del alcohol', 'Naturaleza muerta', 'Sin aliento', 'La estanquera del puerto', etc. conviven con 'Catalina', 'La reina del Caribe ' o 'Sabor de amor', ofreciendo las varias caras de la moneda que acuñaron en 1982 y que sigue siendo de curso legal.

Fuente Ideal.es