Regreso ¿al pasado?

Viernes, 28 de abril de 2006

Y si Los Secretos llevan 26 años, Danza Invisible uno menos. Su presente se podrá escuchar la próxima semana en el BNS.

Conseguir trazar una trayectoria de 25 años y no morir de éxito en el intento es digno de reflexión. Pararse a pensar en lo hecho, en lo que errado, en lo que queda por decir, por cantar, por tocar Y ser conscientes, entonces, de que mereció la pena intentarlo. Esta el reflexión que puede rondar en los recuerdos de cinco andaluces que en 1981 decidieron reunirse en un local a ensayar. Tan simple el comienzo como rotundo es lo cosechado: dieciocho discos de los cuales dos se vistieron de platino y siete de oro. Casi nada.

No obstante, es posible que el mayor logro de Danza Invisible haya sido, con obstinación y persistencia, lograr crear un sonido inconfundible e imperecedero. Partiendo de una voz con una personalidad sin paliativos y acompañándose de una rítmica entre el pop más español y, a su vez, más atemporal, han logrado hacerse con un hueco en las retrospectivas más selectas de la historia contemporánea nacional.

Todo comenzó con un premio (el primero de una larga lista), que les permitía hacerse llamar ganadores del concurso de rock Alcazaba. Daba inicio su carrera. Por aquel entonces ya eran cinco miembros en aquel proyecto que empezó como trío y en el que ni tan siquiera la voz de Javier Ojeda fue capaz de pasar una primera criba. Su primer disco, 'Contacto interior', grabado a la carrera y carente de una personalidad aparente, logra hacerse un hueco en el circuito local. Máxime gracias a la fuerza desplegada en un directo sin miedo a mostrar sus influencias: Bowie, U2, Talking Heads... En definitiva algo muy poco parejo a lo que posteriormente devino en lo estrictamente melódico. Pero lo cierto es que abre puertas y, desde aquí hasta su segundo largo de estudio, no pasan sino tres años. 'Música de contrabando' se escapa de la aureola pretenciosa a la que se encaminaba una carrera que podía haberse golpeado de bruces con el fracaso.

Contrarios a cualquier lógica musical, su tercer disco es en directo. Todavía no han llegado los grandes éxitos, ni las radiofórmulas atienden sus pasos, pero la banda prefiere mostrarse en su mejor terreno, el escenario. Allá donde se muestran como un grupo realmente diferente a los designios del momento (la consabida movida y todas sus consecuencias) y el lugar en el que enseñan sus cartas.

Ese 'Sabor de amor'

A pesar de que es el mayor éxito (si así se le puede considerar) de Danza Invisible hasta la fecha, el empujón definitivo no se produce hasta un par de años después. 'A tu alcance', su cuarto LP de estudio contiene uno de los mayores pelotazos de la década, 'Sabor de amor', una canción que, pese a diferir en gran medida de lo firmado hasta entonces por Ojeda y compañía, se convierte en referencia obligada para hablar de su historia. El disco se coloca en el número uno y convierte al grupo en estrellas del momento. Todavía hoy, 'Sabor de amor' continúa conformando las recopilaciones de las mejores canciones del pop nacional. No es su mejor tema, pero la industria musical es así: te atrapa cuando, donde y como quiere.

El problema de alcanzar la cima casi sin querer es que es complicado de asimilar. El liderazgo del grupo, hasta entonces en manos del fundador Ricardo Teixidó , principal compositor de los temas, se pone en duda y con 'Catalina' el cambio se hace notar. Corren los primeros años de los noventa y 'Bazar', su siguiente trabajo, es la prueba irrefutable de que algo pasa en la banda: el sonido es radicalmente distinto, parece deslavazado, como hecho porque sí, porque algo había que sacar que los parones no son buenos.

Aunque a veces un tiempo de reflexión sea la solución a muchos problemas, Danza Invisible no se decide a dar ese paso y los siguientes dados por el grupo hacen atisbar un posible ocaso: Teixidó deja la banda durante la grabación de un disco, 'Clima raro', nombre premonitorio donde los haya. Sin embargo, el grupo continúa manteniendo una buena rutina de conciertos, sin bajar del medio centenar, lo que no les permite pasar a un olvido que, quién sabe si de manera inconsciente, parecían estar buscando.

Dudas y puntos suspensivos

Tras un nuevo disco en directo ('Al compás de la banda') y otro par de discos de estudio ('Por ahora' y 'En equilibrio'), llega la confirmación de que la prensa musical tiende, por norma, a ser uno de los sectores más desequilibrados y desequilibrantes de cuantos se conocen: 'Efectos personales' es, sin duda alguna, el trabajo más serio del grupo. Una reunión de buenas canciones en las que el juego da paso al reposo, a la meditación. ' Pero ahora' su más reciente intento de gran éxito queda relegado a fiasco, a pesar de ser una canción que combina, de manera brillante, ritmos de gran pop británico, aires flamencos, canción latina y hasta dosis de electricidad sonora. ¿Problema? No suenan a Danza Invisible y la crítica se aúna ninguneándolos. Un fracaso al que tal vez no estaban preparados y que escribe los tres puntos suspensivos que más próximos estuvieron a quedarse en un simple punto y final.

Tras devaneos, dimes, diretes y un disco que trata de buscar un retorno a la Danza Invisible más caradura, el grupo se encuentra con una de esas oportunidades imposibles de dejar pasar: Javier Ojeda colabora con Efecto Mariposa en la canción 'No me crees' (la demostración de que la voz de Ojeda era mucho más aprovechable de lo que la banda supo ver). El tema lidera listas y vuelve a retronar el nombre del grupo. Tanto como para embarcarse en su enésima gira. Tal vez no era su ansiado regreso a la primera fila (tal vez a la segunda), pero lo cierto es que no parece que vayan a perder el tren.

Fuente eldiariomontanes.es