Compra aquí tu entrada y camiseta exclusiva del concierto 35º Aniversario de Danza Invisible

Biografía

Como en la variedad está el gusto, os presentamos la historia de Danza Invisible contada por diversos autores.
Seguro que quedáis con un buen sabor de boca recorriendo el paso de los años con nuestros malagueños.

Biografías del Grupo

LA ARISTOCRACIA DEL BAILE

disco-libreto Grandes éxitos – Un trabajo muy duro (DRO 2001)

Del funk visionario de color británico de sus comienzos a la latinidad tropical de su sonido actual, DANZA INVISIBLE han recorrido en sus álbumes todos los peldaños de la escalera hacia el éxito. Una solidez a prueba de bomba que ha superado ya sus primeros veinte años de trayectoria.

Torremolinos “la nuit”

En agosto de 2001 se cumplieron veinte años desde el nacimiento oficial de Danza Invisible. Toda una proeza a la que se añade una mayor: la formación permanente casi inalterable desde aquel momento. Sólo han perdido en este tiempo a su batería original, Ricardo Texidó, y su marcha se produjo en 1983…
A principios de los 80, mientras Madrid vivía el esplendor de la “nueva ola”, reflejo tardío de la escena musical londinense de tres o cuatro años antes, la localidad malagueña de Torremolinos ya era el hervidero en el que miles de “hooligans” británicos se cuecen (en todos los sentidos) durante los meses estivales. Ellos ya tenían entonces sus propios pubs, en los que sonaba cada día la misma música que pinchaba John Peel en la BBC, o los éxitos del “Top of the Pops” televisivo.
Por ahí pululaban chavales como Chris Navas y Manolo Rubio, que tenían un grupo llamado Adrenalina, y Ricardo Texidó que formaba parte de Cámara, banda en la que tocaba la batería, cantaba y componía la mayoría de los temas.
Cuando los tres se conocieron surgió la idea de crear una nueva formación a la que rápidamente se incorporaría un guitarrista admirador de Zappa, Antonio Luis Gil, que ya estaba harto de patearse las verbenas malagueñas en orquestas de baile.
Como cuarteto, y con el –entonces– extraño nombre de DANZA INVISIBLE, envían una maqueta a Juan Gámez, locutor de Radio Popular de Málaga, responsable del único programa interesante que se podía escuchar en la Costa del Sol en aquella época que, además, organizaba un pequeño concurso de maquetas de bandas malagueñas. El premio era la grabación de un Ep con un tema de cada una de las cuatro mejores bandas, elegidas por votación popular: Spray, Crazy Boys, Cámara y, obviamente, Danza Invisible, que incluyó un tema titulado “Tinieblas en negro”. La grabación era espantosa: se grabó casi a pelo en la trastienda de Polifonía, una tienda de discos de Torremolinos, pero lo importante es que el grupo ya había comenzado a rodar.

El primer contrato

En febrero de 1982 se incorpora como cantante Javier Ojeda. Es alto, guapo, rubio…, no ha cantado nunca y se declara muy tímido, pero tiene todo lo que busca el cuarteto, que comprueba como, pese a lo rudimentario del resultado final del Ep, su tema y el de Cámara suenan con relativa insistencia en las emisoras de la zona.
Animados por la experiencia, el grupo graba nuevas maquetas, una de las cuales llega a manos de más certero de los cazatalentos musicales españoles, Paco Martín, que los ficha inmediatamente para MR, el sello que dirige junto al locutor radiofónico Julián Ruiz, y en agosto de 1982 les hace grabar en los estudios madrileños Doublewtronics un maxi-single titulado genéricamente “Sueños”, en el que se incluyen cuatro canciones: “Sueños de intimidad”, “Diario oculto”, “Danza y magia del ritmo” y “Tu voz”.
Apenas unas semanas más tarde, en septiembre, se presentan a la primera edición del Concurso de Rock “Alcazaba” de Jerez de la Frontera y lo ganan. El premio, en este caso, es la grabación de un nuevo maxi que editará DRO, con otras tres nuevas canciones, “Mis ojos hacia ti”, “Gente especial” y “Espíritu Irreal”. Curiosamente, entre el público se encuentran ojeadores de todas las multinacionales, que se ven sorprendidos por la potencia y excepcional dominio instrumental del quinteto –toda una sorpresa, ya que los grupos madrileños que dominaban el cotarro en aquellos momentos se caracterizaban por todo lo contrario–.
Ariola, que acababa de alcanzar un acuerdo con Paco Martín para editar sus descubrimientos, tarda apenas dos días en ofrecerles un suculento contrato, además de llevárselos a Madrid para que actúen dos noches en el templo de la modernidad, el mítico Rock-Ola, en octubre.
Pese a que todavía no ha aparecido en el mercado el maxi que grabaron inicialmente para MR –que publicará Ariola pocos días después, el 25 de octubre–, ni mucho menos el premio del concurso jerezano –que saldrá a la venta en las Navidades de 1982–, la sala se llena las dos noches, gracias al considerable apoyo radiofónico que han encontrado. El público (y la crítica) que asiste a la presentación queda con la boca abierta: el grupo entero es un volcán en erupción con un sonido espectacular y moderno, con influencias reconocibles (Simple Minds, Defunkt, China Crisis, Talking Heads…) pero perfectamente asimiladas por unos instrumentistas que sobresalen muy por encima de la media madrileña, fama que ya les acompañará a lo largo de su trayectoria profesional.
Satisfechos por la experiencia, el grupo inicia en la primavera de 1983 la grabación de su primer álbum que, por sugerencia de Ariola, será producido por Julián Ruiz. “Contacto Interior” salió a la venta el verano de 1983, pero ofrecía notables diferencias con la realidad del grupo. Las canciones eran buenas –tres ya habían sido publicadas en Navidad, en el maxi de DRO–, pero el sonido grandilocuente que las envolvía no era el suyo, mucho más carnoso, como bien se encargaban de demostrar en sus sudorosos directos. Y pese a su impetuosa irrupción en el panorama musical nacional –¡llegaron a actuar como teloneros de Spandau Ballet!, en el máximo esplendor del movimiento “new romantic”, además de incluir un tema (“Sin decir adios”) en la película de Fernando TruebaSal gorda”, en la que el protagonista, Óscar Ladoire, hace de rocker–, los resultados no se correspondieron con las expectativas y las ventas de aquel álbum fueron más bien escasas. La cura de humildad les vino de perlas: ensorbecidos por la rapidez con que se habían sucedido las cosas hasta entonces, los integrantes de Danza Invisible quisieron encargarse de demostrar lo “estrellas del rock” que eran, rompiendo las televisiones de los hoteles en los que eran alojados durante la promoción de “Contacto Interior”.

Comenzar de nuevo

Con los humos bajados y la lección aprendida para siempre, el quinteto supo rectificar después del primer varapalo y tomar las riendas de su propia carrera. Dejaron pasar el tiempo hasta que dos años después –en el verano de 1985– se publicaba un mini-LP (seis canciones), titulado “Maratón”, en el que reivindicaban la fuerza de su sonido guitarrero. Mientras tanto, Ricardo iniciaba sus proyectos paralelos y se incorporaba a los Hombre Públicos, con los que llegaría a grabar un maxi-single: aunque no puede hablarse de malas relaciones, lo cierto es que a Javier y al resto del grupo no les terminan de gustar los textos que desde el principio proporcionaba Ricardo Texidó, y en “Maratón” aparece, casi como sexto miembro del grupo, un nuevo letrista, Rodrigo Rosado, que colabora estrechamente con Javier en esa parcela.
El grupo había retomado el buen camino, pero en Ariola ya no había entusiasmo. Paco Martín, su principal valedor, había abandonado sus relaciones comerciales con la multinacional para crear un nuevo sello discográfico, Twins, y en cuanto finalizó la vigencia del contrato entre Danza Invisible y Ariola volvió a aparecer en las vidas del quinteto para ofrecerles publicar su primer gran disco, “Música de contrabando”, en el que el grupo llevaba trabajando bastante tiempo.
El nuevo álbum se grabó rápidamente a principios de 1986 en Manchester, por mediación del grupo británico A Certain Ratio, algunos de cuyos integrantes trabaron amistad con los Danza durante unas vacaciones en Torremolinos.
En este disco colaboraba haciendo coros la cantante de una banda llamada Blue Zone, que años después sería famosa como Lisa Stansfield… El resultado fue sobresaliente y, esta vez sí, las buenas críticas van acompañadas de buenas ventas –algo más de 20.000 ejemplares–, que canciones como “Mercado negro”, “Espuelas” o “Sin aliento” merecían indudablemente. Como curiosidad, la portada muestra un fotograma de una película de James Cagney, actor que fallecería mientras el disco se encontraba en fábrica. Un homenaje inesperado…

El largo camino hacia la cima

El siguiente paso era lógico. Ya que tanto y tan bien se ha hablado del directo de Danza Invisible y, dado que un primer álbum del que ya hay que dejar de hablar trastocó la imagen del quinteto, lo natural era que al excelente “Música de contrabando” le siguiera un doble álbum recopilatorio, grabado en directo el 20 de diciembre de 1986 en la Sala Universal de la madrileña plaza de Roma (también conocida como Manuel Becerra), y titulado, precisamente, “Directo”.
El resultado atrapa sin remisión. Canciones soberbias que hubieran podido quedar relegadas al olvido de no mediar esta grabación tienen, por fin, una segunda oportunidad, y no la desperdician: “El club del alcohol”, “¡¡Deprisa!!”, “Al amanecer”, “El pintor y la modelo” o “Tiempo de amor” suenan aquí con toda su potencia original, al igual que la primera versión que ofrecen en su discografía, el “Break on through (to the other side)” de The Doors. También aparecen temas inéditos como “El fin del verano” o “Hay un lugar”.
Danza Invisible están ya a punto de lograr la posición que les acompañará siempre: no ser un grupo de moda (que son los que suelen pasar de moda), sino ser un grupo constante como un metrónomo, con una audiencia fiel e intergeneracional.
Las ventas se asoman al disco de oro, pero cuando terminan de romper es con el siguiente disco, “A tu alcance”, que sobrepasa el disco de platino (más de 100.000 copias vendidas) con el que, además, inauguran la que desde entonces será su seña de identidad, la latinidad, con canciones como “Reina del Caribe” o “Sabor de amor”, aunque sin abandonar su pasión por el blues, encarnada principalmente en su versión del “A este lado de la carretera” de Van Morrison, hecha tan a su manera, que el público se la empieza a reclamar como propia.

La madurez

El éxito obtenido les va a proporcionar cierta tranquilidad y un breve respiro en su carrera, lo que Ricardo Texidó aprovechará para realizar un viejo sueño, publicar un álbum en solitario, “Texidó”, cantado íntegramente en inglés, que graba en enero de 1989, y cuya promoción no interfiere para nada en los proyectos inmediatos del quinteto.
Reunidos de nuevo, todo lo que en “A tu alcance” se entreveía iba a terminar de refrendarse en el álbum con el que abren 1990. “Catalina” incide en ritmos latinos –como ejemplo, la versión que incluyen en este disco recupera el “Yolanda” de Pablo Milanés– además de abrirse a sonidos africanos e, incluso, al flamenco. La sorpresa la pone “Naturaleza muerta”, en la que se atreven con el rap, con la colaboración de sus amigos Los Raperos del Sur.
A velocidad de crucero, el grupo graba en 1991 “Bazar”, que pese a no ser un disco recopilatorio, sí hace referencia al título al convertirse en un compendio de los estilos por los que ha transcurrido su trayectoria –reggae, funk, blues, soul mediterráneo… –, con canciones destacadas como “La mujer ideal” o “Diez razones para vivir”. Las versiones –en esta ocasión hay dos– van del canadiense Neil Young (“Sólo el amor te hará llorar”) a la banda de new wave británica Squeeze (“Tentaciones”).
Una gira agotadora dará paso a un nuevo álbum grabado durante el verano de 1993, “Clima raro”, que será el último en el que participe Ricardo Texidó, decidido a probar suerte con un proyecto personal llamado ClanNatura.
Clima raro” mantiene la misma variedad de estilos que ha ido configurando el estilo de Danza Invisible: rhythm’n’blues (“Piedras preciosas”), reggae (“La estanquera del puerto”), ritmos afrolatinos (“Salsa rosa”) o soul bailable en el tema que da título al álbum, además de baladas que entran directamente en su repertorio de directo con la categoría de clásicos, como “Amor de madre” y “Para siempre”.

La calle Danza Invisible

La marcha de Ricardo no afectó para nada a la solidez del ahora cuarteto, que sigue encabezando año tras año una hipotética clasificación según el número de “bolos” realizados, que durante 1994 les llevará a tocar en lugares tan distantes como México o Jordania.
Éste es, además, el año en que el ayuntamiento de Torremolinos les reconoce como hijos predilectos de la localidad, y en un emotivo acto que tuvo lugar el 27 de septiembre, la corporación municipal da su nombre a una calle de la localidad malagueña.
Y casi diez años después el grupo decide volver a resumir su trayectoria con un nuevo álbum grabado en directo en noviembre de 1994, en las salas Aqualung de Madrid y Bobby Logan de Málaga. “Al compás de la banda” se centra básicamente en el material registrado con posterioridad a aquel “Directo” de 1986, aunque como curiosidad, la única canción que sigue apareciendo en su repertorio después de todo este tiempo es “El club del alcohol”.
Al compás de la banda” cuenta también con varios temas inéditos: “¿Quién ha perdido el compás?”, que se convirtió en uno de sus himnos de directo; “Presencias”, con texto del cantautor extremeño Pablo Guerrero, y “El rayo X”, versión de un tema de David Lindley.
Como si quisieran que cada disco en directo cerrase una etapa y abriese otra, en 1996 aparece “Por ahora”, un paso adelante en calidad, que cuenta con una producción de lujo, llevada a cabo por Simon Emmerson, ex integrante de Working Week, y candidato a un Grammy en 1996 en el apartado de world music por la producción del álbum de Baaba Maal. Pese a todos estos ingredientes, este no es el mejor trabajo de su carrera y, por primera vez en mucho tiempo, el grupo nota un relativo bajón de ventas que superarán dos años después, cuando aparece “En equilibrio”, reflejo exacto de la situación que vive el cuarteto, en donde se incluye otro de los temas destinados a formar parte obligatoriamente de su repertorio, “Por ahí se va…”, además de las consabidas versiones, entre las que figuran “Por tu ausencia” de Manzanita, “Te busco” de Víctor Jara o “Libro abierto”, de Los Broncos de Reynosa.
La aceptación popular es nuevamente sobresaliente, y “En equilibrio” sobrepasa otra vez con holgura la categoría de disco de oro, algo que se repetirá en 2000 con la primera recopilación de “Grandes Éxitos” que publican en sus primeros veinte años de vida; treinta y cinco canciones en las que se resumen todas las etapas de su trayectoria y entre las que figuran dos temas nuevos: “Un trabajo muy duro” y “¿Qué vas a hacer conmigo?”.
Coincidiendo con su vigésimo aniversario, en el verano de 2001 apareció “Efectos personales”, un álbum intimista que recreaba atmósferas mucho más densas de lo que nos tenían acostumbrados, y en el que sorprendentemente el grupo, después de tantos años, era capaz de mostrarse vivo, inquieto y lleno de curiosidad por descubrir matices y sonidos, aspecto éste que aún siguen cultivando mucho en sus directos. Fue este trabajo algo especial para el grupo, si bien fue el primero grabado en Málaga, concretamente en “El Cortijo”. En esta ocasión se mezclan los marcados ritmos instrumentales con una potencia vocal sin igual, donde Javier Ojeda exprime toda la capacidad de su voz, desde los graves hasta los más agudos tonos en canciones como “¿Cuánto Cuánto?, y sobre todo, en “Pero ahora…”.

EXPLORADORES DEL RITMO

Una biografía, entre las muchas posibles, de Danza Invisible – por Antonio de la Rosa (agosto 2003)

Rock-ola 1982, la movida en plena efervescencia y una pléyade (o caterva según se mire) de músicos, cineastas, diseñadores del arte instantáneo reivindicando, con un ligero retraso sobre el horario previsto como suele ocurrir en los aeropuertos del ruedo ibérico, la esencia del perfume pop que había patentado tiempo atrás Andy Warhol, en busca de una fama efímera y con una preocupación enfermiza por su aspecto capilar, simplificando: la movida madrileña.

En esta escena irrumpen, como una exhalación, cinco chavales de provincias con una energía atípica, un dominio inusual del instrumento y una voz que, ¡oh, cielos!, no recita más o menos espasmódicamente sino que canta, la noticia corrió rápidamente como un reguero de pólvora…
Hay un grupo de Málaga que suena como los Simple Minds, reconozco que yo, a pesar de la grima que me dio la foto de la portada de su primer LP, me sentí gratamente sorprendido.

Poco después conocí a Javier con quien enseguida descubrí afinidades sobre todo en gustos musicales y literarios, recuerdo la mutua pasión por Talking Heads y F. S. Fitzgerald, entre otros, y la aversión que sentíamos por las actitudes miméticas de gran parte de los grupos de entonces, ese fue el comienzo de una entrañable adicción a La Danza que llega hasta hoy y de la que ya no puedo parar de hacer proselitismo.Pero volviendo a la década prodigiosa, no estaban solos ‘Los DANZA’ en aquella cruzada inconsciente contra la frivolidad y la uniformidad reinante, Radio Futura lanzaba una propuesta original con su 2º LP “La Ley del Desierto…” que refrescaba un poco el ambiente y que, curioso paralelismo, coincidió con la edición del 2º trabajo de Danza, no menos interesante, “MARATÓN”.

Su ópera prima, si exceptuamos el maxi single “SUEÑOS” editado como premio al concurso de rock de La Alcazaba en Jerez de la Frontera, “CONTACTO INTERIOR” es un disco barroco de atmósferas gélidas, que ineludiblemente nos remite a los primeros trabajos de Las Mentes Simples (de la vida real al nuevo sueño dorado duró tan sólo el encantamiento), impecablemente producido por Julián Ruiz, pero que adolece de todo lo que sobra en la posterior discografía de Danza, a saber, espontaneidad y energía, no obstante cabe destacar la osadía del grupo al facturar un sonido intenso, sin fisuras, que estaba al alcance de muy pocos y expresarlo con una solvencia nada frecuente en aquélla época.
La voz de un jovencísimo Javier Ojeda aparecía convenientemente engolada para la ocasión aunque sin alcanzar el paroxismo al que Bunbury llegaría después con sus “Mártires del Silencio“, quién le iba a decir a nuestro amigo Ojeda en aquellos tiempos que estaba creando escuela.

Con “MARATÓN” un MiniLP y “MÚSICA DE CONTRABANDO”, posiblemente el título más acertado de su carrera, pusieron punto y final a sus veleidades de grupo más o menos glamouroso y sentaron firmemente las bases para la construcción de un estilo propio, aunque siempre en constante evolución.
Del primero, destacar 3 temazos que ya forman parte de la memoria colectiva de todos sus fans “El pintor y la modelo”, “El ángel caído” y la actualmente revolucionada pero siempre viva “El club del alcohol” donde les acompaña a los coros el -en aquel tiempo- alter-ego de Juan Perro, Santiago Auserón.
Del segundo, “Sin aliento” y “Espuelas” fueron sus principales bazas para rendir a los incrédulos del pop más duro, un torrente de energía que solía desbordarse en directo para regocijo de todos sus seguidores que ya empezaban a sudar emociones fuertes.

Convenientemente curtidos y con ganas de colmar todas las expectativas lógicamente creadas al respecto, satisfacen a todos con un gran primer “DIRECTO”, que contiene lo más granado de su repertorio hasta el momento y que cierra el primer capítulo de esta larga novela musical que
escribirá DANZA INVISIBLE.

El grupo empezó, por fin, a saborear las mieles de un éxito masivo con “A TU ALCANCE”, partiendo de un concepto general pop, “Sabor de amor” posiblemente sea su máximo exponente, una frutal metáfora del sexo oral; “Reina del Caribe” la primera aproximación real al trópico con esa simpática historia de un cuelgue con una máquina recreativa y la vertiginosa “A este lado de la carretera” la primera gran versión, como no, de un clásico incontestable hoy y escasamente recurrido entonces, Mr. Van Morrison, posiblemente el clímax de sus directos como lo prueban los ecos de “AL COMPÁS DE LA BANDA”.

Con la confianza que el éxito mayoritario otorga e imbuidos por un espíritu lorquiano, sobre todo su único letrista hasta “CLIMA RARO” el añorado Rodrigo Rosado, el grupo confecciona el disco más conceptual de su carrera. “CATALINA” es un catálogo de referencias claramente andaluzas, asumiendo cabalmente sus raíces y demostrando que era posible enmarcarlas en un formato actual. “Naturaleza Muerta” fue quizá un tema visionario y premonitorio de lo que nos estaba esperando, allí se anticipaban todos los inconvenientes del maltrato al medio ambiente que hoy sufrimos en carne viva, de “Catalina” a “La balada de la cárcel” hay todo un romancero gitano hábilmente entretejido que emociona al que lo escucha tanto o más que al que lo canta y como colofón “Yolanda” una versión insospechada, de mi adorado Pablo Milanés aún vigente en sus directos por aclamación popular.

Como estos amigos invisibles, afortunadamente, también son impredecibles, no saben repetir fórmulas y gustan de vivir, musicalmente hablando, a salto de mata, regresan a su estado más puro con “BAZAR” un disco potente con escasas concesiones, tal vez “Diez razones para vivir” con su caramelo soul endulce un poco el tono general áspero y reivindicativo, sobre todo, en la extrañamente desapercibida “U.S.A. y tira“, cuando otros productos altamente demagógicos han tenido tanto eco, y esa perla rescatada del acervo popular “El niño, el hombre y el burro” que resume perfectamente el carácter patrio. Se atreven además con un bolero, algo insólito para aquellos tiempos aunque ahora nos parezca mentira, “La deuda” y visitan con rigor al maestro Neil Young y a los injustamente olvidados “Squeeze”, dos versiones que añadir a esta carta de sibaritas a la que ya nos tienen felizmente acostumbrados.

Y llegamos, para mí, al disco clave en el proceso de madurez del grupo y que, desgraciadamente, supuso un punto y final de la banda como quinteto, diferencias irreconciliables hicieron que Ricardo Teixidó, batería y compositor, abandonara el barco en busca de nuevas singladuras como corsario del ritmo en otras latitudes, “CLIMA RARO” reflejaba tal vez esa pérdida y otras muchas, una producción impresionante y un manojo de canciones con larga vida interior, a destacar “Piedras preciosas” un poema enjoyado de Corcobado que luce divino en los mágicos registros que alcanza la voz atemperada del Sr. Ojeda, como se nota que escucha con frecuencia a Curtis Mayfield, sobre esa poderosa base rítmica que enhebra el resto de la banda, “La estanquera del puerto” un clásico ya de los que insisten en reconocer sus células madre y que, por extensión, sirve de reconocimiento a todos esos personajes imprescindibles que desde la sencillez nos ayudan al resto a ser más felices o mejores personas (si no fuera lo mismo). “Amor de madre” un sentido homenaje a las que nos dieron el ser, con una guitarra mestiza que recuerda a Willy DeVille y que encantó al mismísimo Diego A. Manrique, en resumen, la banda sonora ideal para aquellos y estos tiempos extraños que nos toca vivir.

Punto y seguido se enfrascan en una grabación en directo, la cabra siempre tira al monte, que se abre “Al Compás de la Banda”, con una autobiografía en forma de canción que explica maravillosamente todo lo que este humilde servidor se está empeñando en contaros, ”Lleva la banda tanto tiempo dando tumbos…” destacar al margen de la producción, las colaboraciones inestimables de Mayte Pizarro en los coros y el sin par, aunque no lo parezca para quien entre en los foros, Gino Pavone, todo un catedrático de las percusiones que estamos deseando volver a ver junto a DANZA.
Resaltar una inspirada versión del místico David Lindley, “El Rayo X” que catapultó el disco rápidamente a los primeros puestos de ventas, no en vano era verano y esa canción que parece surgida del peyote ilustraba perfectamente los paisajes oníricos de la canícula, a mí me recuerda mucho al microcosmos del Méjico profundo que recrea Juan Rulfo en “El gallo de oro”, pero los críticos desorejados de este país, una vez más, hicieron caso omiso del genio de la botella que sirve a Los Danza.

Próxima estación: “POR AHORA”, se detiene el tren de la danza en el corazón de África persiguiendo a “Negros de cualquier color”, evidentemente para liberarlos de cualquier esclavitud, cruzan el estrecho aunque no haga falta para extasiarse ante la sensualidad del flamenco “De aquí a la eternidad” es un intento tímido de asimilarlo que en la guitarra de Juan Campos cobra una dimensión lánguida y desesperada y se pierden buscando “Lo que queda del amor”. De ésta última tengo un vago recuerdo de escucharla por primera vez en unas pruebas de sonido previas a una actuación en directo en los jardines del náutico de Gijón, marco incomparable de belleza sin igual, en una versión provisional que poco o nada tenía que ver con la grabada y que en clave de rythm&blues, no sé por qué, me trajo a la memoria a los Them de Van Morrison, pero ellos quisieron llevarla a Jamaica y acabó siendo una canción reversible, el anverso, bajarse al moro a por las mágicas hierbas que fue la idea primigenia en homenaje a un amigo común, Chema, que por aquel entonces estaba pasando una temporada en el infierno y su reverso, una canción de carretera que resume el universo sentimental que habita la banda durante las giras. También nos tropezamos, como no, con una nueva apología del sano divertimento, la frenética “A sudar” (quién no se imagina a los esforzados de la ruta, la vuelta ciclista a España, pedaleando a su ritmo) y una advertencia explícita a quienes no observen sus sanas recomendaciones en “El día después” (qué bien hubiera quedado de sintonía de su homónimo programa deportivo) pero el manager y la disquera de esta banda, al parecer, no pudieron estar a la altura de las circunstancias comerciales inconscientemente creadas.
Pero a mí, sobre todo, me sorprendió un tema rotundo basado en otra metáfora perfecta de PInk Rodrigo, “Corazón acorazado”, cuánto le di la vara a Javier para que abrieran los conciertos con ese ritmo hipnótico contando la historia de cualquier Tenorio.
Recobra además el pulso ecologista el “Lamento del Mar del Sur” que hubiera suscrito el mismísimo Cousteau que E.P.D.
No falta ni tan siquiera el funky meridiano de “Podemos regalarnos esta noche” muy Chic, en todos los sentidos y que abunda en las miserias de los contactos exclusivamente sexuales, románticos ellos.
Si me he detenido tanto en este disco, es porque de aquí me gusta todo, hasta la portada retro en la que una teenager prehistórica mira angustiada el reloj a la espera de su pareja ¿de baile?

El trabajo con el que cierran el siglo y, por ende, el milenio llega con una realidad cargada de deseos para el futuro imperfecto que pretenden adivinar, “EN EQUILIBRIO” es más que una mera declaración de intenciones, pretende dar rienda suelta a otra de sus grandes virtudes, hacer versiones que más bien parecen canciones adoptadas, a juzgar por el cariño que les imprimen y que hacen, a veces, muy difícil distinguir a sus verdaderos padres biológicos.
Aquí conviven, al 50%, temas de autoría propia y ajena, entre las que despunta una acertadísima adaptación de “Por tu ausencia” del recientemente acubanado Manzanita y el archiconocido “Por ahí se va” banda sonora de tantas y tantas depresiones post-coito.
El combo consigue mantenerse en equilibrio muy a pesar de que el mercado se pone duro y de que los grupos veteranos lo tienen cada vez más difícil, siguen despachando alrededor de 40.000 copias por disco, esto les permite mantener intactas sus aspiraciones artísticas y una gran libertad en sus creaciones.

Los paréntesis impuestos por las estrategias comerciales de las compañías discográficas retrasan la edición de su, hasta la fecha, último trabajo que ya se encontraba en avanzado estado de composición, para publicar una selección de sus “GRANDES ÉXITOS” a lo que ellos en principio eran reticentes y que consintieron al incluir dos temas nuevos que representaban su estado de gracia, “Un trabajo muy duro” que daba título al recopilatorio y “No sé qué vas a hacer conmigo”.

A pesar de los pesares y contra todo pronóstico se embarcan con todos sus “EFECTOS PERSONALES” en un viaje introspectivo en el que reflexionan sobre el paso del tiempo con el amor, como leitmotiv. Auspiciado por una querencia melódica muy en la tradición de los grandes cantantes de la música popular española, el Raphael de los sesenta por poner un ejemplo, Javier se suelta la melena que nunca tuvo y se atreve a exhibirse en un tema “Pero ahora” que concita pasiones y deserciones, a partes iguales, entre los incondicionales de la banda. Aunque hay variedad en este cajón de sastre, la acidez de “Cuánto, cuánto…”, que refleja la tendencia creciente a la corta duración de las parejas y a sus consecuencias socio-económicas en mundo cada vez más regido por el vil metal.
Contiene también experimentos sonoros del máximo interés, como la grabación de una percusión que el gran Chico Fargas se inventó sobre la alpaca de un pie de lámpara del estudio de ‘El Cortijo‘, y eso que aún no había llegado la gran noche blanca, y que refulge entre el marasmo panafricano de “Los tambores”.
El corte que cierra, sorpresivamente, el disco, fue una improvisación de Toni Romero en el piano del estudio que nos cautivó y a la que Javier no pudo reprimir vestir con su impresionante voz.
La pincelada vanguardista la ponen “Las ruedas” que anticipa una revolución de conceptos que esperamos germine con “PURA DANZA”.

Y ésta es mi particular, subjetiva e interesada visión de la historia de este camaleón de la música moderna de nuestro país que espero que siga mudando de piel para acechar con garantías a sus presas que no son otras que nuestros placeres, ojalá los sigan atrapando como hasta ahora.

P.D.: larga vida a Epicuro y a otros grandes hedonistas que en el mundo han sido y serán.

RESUMEN DE LA CARRERA DE DANZA INVISIBLE CONTADA POR UNO DE SUS INTEGRANTES

¿Un resumen o biografía de la carrera de ‘Danza Invisible’ contado por uno de sus integrantes? – por Javier Ojeda (septiembre 2003)

Interesante, sin duda, a priori. Irrealizable, a posteriori, más teniendo en cuenta lo limitado del tiempo. Lo que ocurre es que ¿cómo va a sintetizar uno los ya 22 años de carrera de la banda en unas páginas? ¡Pero si esto da para un libro (y afirmo, extenso)!
Mejor, de cualquier manera, emplazar al lector curioso a la biografía que aparece en el disco-libro “Grandes éxitos- Un trabajo muy duro” (DRO, 2001), poco prolija pero excelente; o a la más personalizada de Antonio de la Rosa. Mi intento ahora es ofrecer algunas impresiones desordenadas pero poco conocidas por el aficionado, con lo que me imagino que de algo valdrá este ratito que me pego delante del ordenador.

Veamos… ¡Los comienzos! Danza se funda, creo, a mediados del 81, tras la deserción de Ricardo Texidó de Cámara (la otra banda mítica de la nueva ola malagueña). Él había empezado a trabajar en un supermercado cercano al local de ensayo de Adrenalina (la primera banda punk de Torremolinos) donde militaban Manolo Rubio (guitarra) y Chris Navas (bajo). Al poco tiempo Ricardo se hace con el doble papel de cantante y batería y es entonces cuando el ya trío decide rebautizarse como DANZA INVISIBLE. ¿Los motivos del nombre? Ni ellos mismos se acuerdan hoy día; aunque seguro que algo tuvo que ver la moda de los nombres pretenciosos de la época (Spandau Ballet, por ejemplo). Tras algunas actuaciones como trío, entra a los pocos meses Antonio Luis Gil como guitarra solista; creo que influyó su afición a The Police, puesto que él venia de una cuerda musical distinta. Por aquel entonces yo era sólo un amigo de Ricardo, al que conocía de los tiempos de Cámara (y antes, en Sociedad Anónima). Fue él quien insistió para que hiciese una prueba como cantante, ya que deseaba concentrarse en la batería; tras una primera prueba fallida (cantando un tema de Japan) entro en el grupo tras una improvisación que acabaría produciendo la canción “Tu voz” (incluida en el maxi “Sueños”). Tras esta necesaria introducción, paso a obviar los detalles más conocidos de nuestra biografía (el concurso de rock Alcazaba, la primera actuación en el mítico Rock-ola, los primeros contratos discográficos) para centrarme en las impresiones que me ha causado el escuchar nuestros antiguos trabajos:

Sueños (maxi 1982) y Contacto Interior (1983).

Primeros tiempos del quinteto. El Lp supuso una decepción con respecto a lo que ofrecíamos en directo, algo que por desgracia, nos ocurrirá en otras ocasiones. La producción de Julián Ruiz domestica el lado más animal de un grupo que por entonces tiene sus mejores bazas en el arrojo y la intensidad. Son estos discos muy de su tiempo, en los que se nota el enorme peso que Ricardo tenía en la banda; ya que no sólo era batería, sino segundo cantante y letrista. ¿Influencias? Simple Minds, claro, pero también David Bowie, Roxy Music, U2, The Cure, Defunkt, Gang of Four, Magazine, Talking Heads….

Maratón (mini Lp 1985) y Música de Contrabando (1986)

El mini Lp es el mejor reflejo en estudio del sonido que teníamos en la época. Recuerdo cuánto me sorprendió el observar lo mucho que aprendieron de este disco los Héroes del Silencio (influencia reconocida en la época, por cierto). Comienza a colaborar Rodrigo Rosado como letrista de la mayor parte de las canciones: por aquel entonces sacábamos las melodías en inglés inventado y luego encajábamos el texto en español. “Música de contrabando” fue toda una experiencia; nosotros en Manchester, con el ingeniero que había grabado los discos de nuestros adorados Joy Division, llenos de juventud y ganas de disfrutar. El sonido del álbum no fue muy bueno (demasiado speed), pero sí que están los primeros temas realmente personales del grupo: “Sin aliento” y ”Agua sin sueño” (o cuando una buena música encuentra un texto con el que se complemente).

Directo

¡Olé nuestros cojones! Sin ningún puñetero hit nos decidimos a grabar un álbum ¡doble! en directo revisando antiguo material más algunas canciones nuevas… esas cosas que se podían hacer en la España de los 80 y absolutamente impensable hoy en día. Editado a comienzos del 87, el sonido es ciertamente muy perro, pero se trata sin ninguna duda del mejor documento de los Danza Invisible del comienzo, sucio, arrogante, algo pretencioso para algunos, pero ciertamente potente, intenso y ¡atención! claramente novedoso para la época. Ningún grupo de la movida sonaba como nosotros, eso está claro. Por cierto, contra todo pronóstico, fue nuestro disco más vendido hasta esa fecha.

A tu Alzance (1988)

Cómo un disco de transición se convierte en el más vendido de sus autores, gracias sobre todo a “Sabor de amor”. Mi mayor recuerdo de esos tiempos son los ensayos matinales en el nuevo local, intentando abrirnos a un nuevo sonido. Desde hacia algún tiempo nuestra paleta de influencias se había abierto a sonidos más clásicos o atemporales, y aunque en algún tema anterior ya se atisbaba (pienso en “El fin del verano”, por ejemplo); la banda intenta buscar paisajes más soleados, más pop en definitiva. Hay aquí influencias de Van Morrison, claro; pero también de Elvis Costello, de los Kinks, Lou Reed, soul antiguo, Los Lobos… por haber hay hasta incipientes pinceladas latinas. Lo dicho, un disco de transición, pero muy fresquito y bien ejecutado; posiblemente también es el primer disco realmente bien cantado del grupo. ¡Qué pena que no existan grabaciones en directo de esta época! Pocas veces el quinteto inicial sonó tan engrasado (nuestro manager tiene una cinta de la época que vale su peso en oro).

Catalina (1990)

Inauguramos la década con nuestra mejor producción hasta ese momento, un disco magníficamente trabajado por Manu Guiot y el teclista-arreglista Richie Close, que contribuyeron muchísimo al resultado final. Es un disco ambicioso, conceptual en las letras (de Rodrigo Rosado) y que de alguna manera traza las líneas maestras de Los Danza que conocéis: toques africanos (“Catalina”), reggae-funk a nuestra bola (“Naturaleza muerta”), pop soul fibroso (“En celo”), canción latinoamericana (“La ruina” o “Yolanda” ). ¡Qué pena que este álbum me pillase lejos de mi mejor forma vocal! Hasta hoy en día sufro escuchando este disco. Aparte de este detalle, es un trabajo valiente y en muchos casos, pionero de una forma de encarar el rock latino alejado del estilo de la capital (el de Radio Futura o Los Coyotes, por ejemplo).

Bazar (1991)

Demasiado bien quedó para lo poco que curramos en este tiempo. Hace poco DRO (la discográfica) reconocía que en esta época sacaron varios discos apresurados, ya que tuvieron serias dificultades económicas; éste, sin duda, es uno de ellos. Compuesto en apenas mes y medio, fue salvado del naufragio por el trabajo ímprobo de Richie Close, que lamentablemente fallecería poco antes de terminar la grabación.
Aquí, un inciso: es de estos discos en los que hay textos estupendos y melodías aprovechables pero no un buen engarce entre ambos. Me explico: “Diez razones” no es, ni de lejos, la mejor letra de Rodrigo en el álbum, pero si forma la mejor canción. “U.S.A. y tira”, en cambio, con su soberbio texto tristemente actual, sin embargo no termina de despegar con la música que le acompaña.
Por cierto, ¿cómo se hacen las canciones de Danza? En los primeros tiempos eran improvisaciones colectivas en el local, con melodías (en inglés) mías o de Ricardo (o de los dos) a las que se ajustaban posteriormente los textos, a partir de ”Maratón” en un 90% de Rodrigo Rosado. El peso de Antonio Luis Gil como principal proveedor de ideas musicales al grupo se empieza a notar principalmente a partir de “Catalina”, que también marca el comienzo de las primeras canciones en las que busco la melodía vocal a un texto previamente escrito, en un intento, supongo, de contactar con una manera más lógica de hacer temas en español. Es sin embargo “Bazar” el último disco en el que la participación de Ricardo en la composición es importante, ayudado por la premura de tiempo y una cierta desidia del resto. Esa lucha de egos se hará claramente insostenible en las actuaciones de la época y, sobre todo, en el siguiente disco.

Clima Raro (1993)

Su título no es en vano, no. Nuestra relación personal con Ricardo se había ido deteriorando a partir del año 1989 y en este disco llegó a su fin. En su momento se dijo que había sido una separación amistosa por diferencias musicales, pero aunque las había, no eran nada comparadas con las personales… esta grabación tuvo momentos que llegaron a ser insoportables. Menos mal que el tiempo cura las heridas y ahora nos llevamos mucho mejor que entonces. Por lo demás, éste es un disco más currado, con temas bonitos como “La estanquera” y “Amor de madre” y un sonido algo más robusto que en el Lp anterior.

-”AL COMPÁS DE LA BANDA” (1995). Le tengo cariño a este disco. A lo mejor no es tan rompedor como el primer “Directo”, pero sí transmite entusiasmo y buen rollo. El grupo demuestra estar bien engrasado tras una larga gira en la que la relación personal, además, se ha normalizado. Fue una manera de dar carpetazo a la segunda etapa del grupo, con mención especial también para los colaboradores de esta etapa: Gino Pavone, Luis Ivars y Vicente Climent; los conciertos de la gira subsiguiente (con paradas en México o Jordania), demoledores.

Por Ahora (1996)

Va a gustos, pero éste es de mis favoritos. Todo un desparrame, es como una segunda parte de “Catalina” por lo ambicioso de sus propuestas, ayudados por algunos de los más interesantes músicos de sesión de UK. Barroco y con mucha tela que escarbar, posiblemente fue perjudicado comercialmente por una portada gris (no es que hayamos estado muy acertados por lo general en este aspecto, la verdad) y un single no demasiado representativo del resto del álbum (“¡A sudar!”). La colaboración en los textos de Antonio de la Rosa, que ya había empezado en “Clima raro”, comienza a hacerse notar más; musicalmente es el comienzo de una nueva etapa en directo, con Trevor Murrell (batería) y Alfonso Jiménez (coros y percusión). Al año siguiente la banda se amplía con la presencia “live” de Roberto Cantero, que desde entonces no ha dejado de acompañarnos.

En Equilibrio (1998)

Un disco de parto difícil, sobre el que pesa la decepción que supuso el bajón de ventas de “Por ahora”. El proyecto inicial era un álbum de versiones (se suponía que una por cada año de carrera), pero luego descubrimos lo difícil de la tarea; posiblemente por un exceso de democracia. El caso es que es nuestro último disco con Rodrigo Rosado (también por motivos personales, aunque sin la acritud de nuestra ruptura con Ricardo) y se parece algo a “A tu alcance” en el sentido de que es un álbum de transición que apunta en varias direcciones, encontrando caminos en algunas (“Por ahí se va…”). Las versiones que se quedaron fueron las más latinas, seguramente debido a que no hacia falta traducir las letras. Ah, las letras, el eterno problema. ¡Cuánto nos cuesta sacarlas adelante! Cuando damos en el clavo tenemos temas redondos. En fin, creo que este disco nos quedó un poco frío, pero tiene, sin duda, canciones estupendas y nos rehabilitó comercialmente.

A partir de aquí, llegan los tiempos conflictivos de Danza: Antonio graba con su proyecto LA CARMEN (el CD “Qué”) como válvula de escape al cansancio acumulado tras estar tantos años trabajando con la misma gente. Tras esta experiencia, nuevos aires (brasileños, flamencos, electrónicos) inundan los nuevos temas que vamos haciendo. Nuestra idea es grabar un disco nuevo para finales del 2000, pero la compañía (fascinada por la maqueta de “Pero ahora…”) decide que guardemos para más adelante ésta y otras canciones y publicar un álbum recopilatorio, convencidos de que así tendrían dos éxitos en lugar de uno. Resultado: el disco, funcionando bien (¡disco de oro!) no alcanza la cifra de ventas que ellos esperaban. Yo siempre he pensado que hubiese sido mejor publicar primero “Efectos personales” y luego el recopilatorio, pero en fin…

Efectos Personales (2001)

El disco de la discordia, el que ha dividido a los fans, el álbum “difícil”. Resumiendo… aunque la grabación de “Pero ahora…” había perdido gran parte de la magia que tenía en la demo, la compañía apostó por este tema y la verdad es que no gustó a los medios, acostumbrados a una banda más “alegre”. El disco había salido muy caro, y tras las primeras reacciones adversas se asustan, con el subsiguiente abandono de la promoción de un disco en el que ya no confiaban. Ha sido un significativo descenso en ventas que ha condicionado mucho la salida del último disco. Qué queréis que os diga: sin la perspectiva de tiempo suficiente, me sigue pareciendo un trabajo honesto en el que quisimos arriesgar contando una historia hilada que empieza muy triste, con una separación (“¿Cuánto, cuánto?”) y termina mucho más alegre, con el viaje (interior y exterior) como tema principal. Posiblemente carezca de canciones de gancho inmediato, pero es un álbum compacto también perjudicado por una portada y una producción (otra vez) inadecuadas. A redescubrir, si se le dedica tiempo.

Entre julio del 2001 y octubre del 2002 DANZA INVISIBLE ha pasado por sus peores momentos… en mitad de la gira del 2001 parte del equipo habitual de directo deja la banda, desanimados ante la falta de galas o quemados por los años de carretera; el bajón anímico por la mala acogida del disco hace que esta sea la peor gira, acrecentada por la deserción a la mitad de Alfonso Jiménez, apresuradamente sustituido por Luis Espinosa. Trevor también se irá al año siguiente. El principal dúo compositor (Antonio y un servidor) se disgrega en proyectos alternativos que ayuden a que corra brisa fresca e, inesperadamente… ¡bum!
Enésima vuelta de tuerca, renovación de los músicos de directo (con los ‘FULANO’: Coki Jiménez y Nando Hidalgo, junto al casi ya quinto Danza Invisible, Roberto) y, milagrosamente, salimos del fango (más mayores, más desengañados de la industria, asqueados de los tiempos que corren, pero con orgullo y ánimos renovados) para gritar :

¡PURA DANZA!

¡Que ustedes la disfruten!